jueves, 15 de enero de 2009
"Sabàtic": últimos (y primeros) programas
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martes, 13 de enero de 2009
Nace "Antídoto" (y para el segundo, "Las Confesiones de un Comedor de Opio Inglés")
Curiosamente, hay veces que los viejos sueños se mantienen ocultos durante milenios y luego explotan en nuestras caras con una fuerza que ni siquiera podíamos imaginar... y eso ha sido lo que me ha pasado a mí con esto.
Ya hablé de la colección de libros "Star books", de mi padre y que yo había dejado relegada al "cajón beat" hasta que las condiciones de vida fuesen favorables... hasta que de repente decidí dinamitar el cajón y hacer algo que me apetecía desde hace años: dedicarme a este tipo de literatura y publicar un fanzine en papel donde pudiese expresar todas mis locuras al mismo tiempo que plasmase cosas que no podían ser registradas de otra manera. Siempre me ha gustado la beat, y me encanta escribir sobre ellos y como ellos... y la era de internet es preciosa y va muy bien para difundir según qué cosas, pero otras es mejor seguir moviéndolas por los bajos fondos y que cobren vida de formas semi automáticas. Y por eso, finalmente, me vino a la cabeza la descabellada idea de ponerme con un fanzine impreso después de tantos años...
Decidí que se llamaría "Antídoto" porque ese fue siempre el nombre que pensé para la publicación, y lo hice con fotocopias artesanales sabiendo que quedaría chulo y barato (conditio sine qua non para que pudiese sobrevivir y para que a mí no se me quitase la motivación si no se vendía), y además opté por decirles a los amigos que se presentaba un fanzine, pero no por mí, a ver qué pasaba... y resultó bastante caótico, pero finalmente lo presenté en el Valhalla un viernes de diciembre, y tuve tanto éxito que se vendieron los veintidós ejemplares editados. Y no sólo eso: del segundo número (aparecido hace dos semanas) también se han vendido ya muchísimos, y la gente está encantada con él, muchísimo más de lo que esperaba yo ni en sueños. Los amigos me animan sin excepción, y aunque sea una chorrada, le pongo unas ganas que hacía mucho ya que no le ponía a nada de lo que escribo...
Porque es todo un desafío esto de escribir sin pretensiones y dejando que fluya: al final, después de tanto artículo y tanta novela "seria", se me había anquilosado el brazo un poquito... y el "Antídoto" me está sirviendo para dejarlo ir. Lo dicho, me lo estoy pasando pipa...
Ahí va la foto del día de la presentación (cortesía de Rosa): a quien pueda interesarle, se vende exclusivamente en el Valhalla (ande sinó) de Palma, gracias a que su dueño Juan Carlos es un tipo animoso como pocos y estuvo de acuerdo en comenzar esta locura (además de que la cervecería es un sitio chulísimo)... Está metido en un orinal y cuesta la voluntad, depositándose el dinero en el "cerdito mucho mejor" que hay junto a él (y que se está convirtiendo en una estrella mediática).
Para el segundo número me leí el segundo libro de la colección "Star books", que es "Las Confesiones de un Comedor de Opio Inglés", escrito por Thomas de Quincey. Según parece, un hombre que revolucionó las letras de su tiempo y también la manera de escribir, y todas esas cosas... pero lo que es a mí, me ha resultado bastante pesadito: además de que ya no me interesa ese tipo de literatura, no le veo la gracia a pasarse tantísimas páginas con sus disgresiones personales de inglés loco (no me extraña que tomase opio, teniendo la cabeza como la tenía). Pero como siempre, leo estos libros imaginando el contexto y pensando en cómo debía ser leerlos por primera vez en un país del año 1976 (justo cuando yo nací)...
Por cierto que, a pesar de ser el número 2 de la colección (y no olvidemos que "En la Carretera" de Kerouac, el número 1, se vende a precios prohibitivos... y yo no lo tengo), se puede encontrar en la red con relativa facilidad. Así son estos libros...
Ah, y otra cosa: al "Antídoto" ya no hay quien lo pare, jejejejejejejejeje...
Ya hablé de la colección de libros "Star books", de mi padre y que yo había dejado relegada al "cajón beat" hasta que las condiciones de vida fuesen favorables... hasta que de repente decidí dinamitar el cajón y hacer algo que me apetecía desde hace años: dedicarme a este tipo de literatura y publicar un fanzine en papel donde pudiese expresar todas mis locuras al mismo tiempo que plasmase cosas que no podían ser registradas de otra manera. Siempre me ha gustado la beat, y me encanta escribir sobre ellos y como ellos... y la era de internet es preciosa y va muy bien para difundir según qué cosas, pero otras es mejor seguir moviéndolas por los bajos fondos y que cobren vida de formas semi automáticas. Y por eso, finalmente, me vino a la cabeza la descabellada idea de ponerme con un fanzine impreso después de tantos años...
Decidí que se llamaría "Antídoto" porque ese fue siempre el nombre que pensé para la publicación, y lo hice con fotocopias artesanales sabiendo que quedaría chulo y barato (conditio sine qua non para que pudiese sobrevivir y para que a mí no se me quitase la motivación si no se vendía), y además opté por decirles a los amigos que se presentaba un fanzine, pero no por mí, a ver qué pasaba... y resultó bastante caótico, pero finalmente lo presenté en el Valhalla un viernes de diciembre, y tuve tanto éxito que se vendieron los veintidós ejemplares editados. Y no sólo eso: del segundo número (aparecido hace dos semanas) también se han vendido ya muchísimos, y la gente está encantada con él, muchísimo más de lo que esperaba yo ni en sueños. Los amigos me animan sin excepción, y aunque sea una chorrada, le pongo unas ganas que hacía mucho ya que no le ponía a nada de lo que escribo...
Porque es todo un desafío esto de escribir sin pretensiones y dejando que fluya: al final, después de tanto artículo y tanta novela "seria", se me había anquilosado el brazo un poquito... y el "Antídoto" me está sirviendo para dejarlo ir. Lo dicho, me lo estoy pasando pipa...
Ahí va la foto del día de la presentación (cortesía de Rosa): a quien pueda interesarle, se vende exclusivamente en el Valhalla (ande sinó) de Palma, gracias a que su dueño Juan Carlos es un tipo animoso como pocos y estuvo de acuerdo en comenzar esta locura (además de que la cervecería es un sitio chulísimo)... Está metido en un orinal y cuesta la voluntad, depositándose el dinero en el "cerdito mucho mejor" que hay junto a él (y que se está convirtiendo en una estrella mediática).
Para el segundo número me leí el segundo libro de la colección "Star books", que es "Las Confesiones de un Comedor de Opio Inglés", escrito por Thomas de Quincey. Según parece, un hombre que revolucionó las letras de su tiempo y también la manera de escribir, y todas esas cosas... pero lo que es a mí, me ha resultado bastante pesadito: además de que ya no me interesa ese tipo de literatura, no le veo la gracia a pasarse tantísimas páginas con sus disgresiones personales de inglés loco (no me extraña que tomase opio, teniendo la cabeza como la tenía). Pero como siempre, leo estos libros imaginando el contexto y pensando en cómo debía ser leerlos por primera vez en un país del año 1976 (justo cuando yo nací)...Por cierto que, a pesar de ser el número 2 de la colección (y no olvidemos que "En la Carretera" de Kerouac, el número 1, se vende a precios prohibitivos... y yo no lo tengo), se puede encontrar en la red con relativa facilidad. Así son estos libros...
Ah, y otra cosa: al "Antídoto" ya no hay quien lo pare, jejejejejejejejeje...
lunes, 12 de enero de 2009
Columnas "Última Hora" diciembre
Sólo ha salido una, que modestamente, quedó chula:
-"Un pubis incómodo": viernes, 5 de diciembre de 2008.
"Aviso de antemano que la noticia lleva cierto retraso, pero muchas veces es necesario dejar pasar un poco de tiempo y llamar después la atención del hecho en sí para que las personas puedan reflexionar convenientemente acerca de ello...
El asunto es el siguiente: el pasado mes de octubre se estrenó en España la película Diario de una Ninfómana, basada en el célebre libro de Valèrie Tasso, y cuyo cartel original mostraba la fotografía de un pubis sobre el cual su dueña dejaba caer una indolente mano que sugería más bien una caricia que no una vergüenza... y de inmediato, los mecanismos de algunas comunidades autónomas se pusieron en marcha para sacarse de la manga algún resquicio legal que permitiese la objeción pertinente para que dicho cartel se exhibiese, argumentando además que la palabra “ninfómana” (que por cierto, mi corrector informático tampoco reconoce como buena) tampoco podía ser utilizada. La declaración que la autora del libro hizo al respecto, merece ser recordada por su franqueza y sagacidad: “Si la obra se hubiese titulado Diario de un Asesino, seguramente no hubiese habido ningún problema.”
Parece ser que sea como sea, se mire como se mire, y tanto si es masculino como femenino (que de todo hay en la viña del Señor), un pubis sigue siendo algo incómodo. A pesar del paso de los tiempos y de los cambios de las modas, e incluso de las tendencias políticas... por lo que nunca está de más reivindicar la dignidad de una parte del cuerpo que debería ser tan respetada como cualquier otra, lo mismo que su representación, y cuya vista no debería escandalizar absolutamente a nadie.
Además, pueden contarme lo que quieran, pero para mí, la vista de un pubis es muchísimo más agradable que la mayoría de cosas que pueblan nuestras calles o nuestras televisiones..."
-"Un pubis incómodo": viernes, 5 de diciembre de 2008.
"Aviso de antemano que la noticia lleva cierto retraso, pero muchas veces es necesario dejar pasar un poco de tiempo y llamar después la atención del hecho en sí para que las personas puedan reflexionar convenientemente acerca de ello...
El asunto es el siguiente: el pasado mes de octubre se estrenó en España la película Diario de una Ninfómana, basada en el célebre libro de Valèrie Tasso, y cuyo cartel original mostraba la fotografía de un pubis sobre el cual su dueña dejaba caer una indolente mano que sugería más bien una caricia que no una vergüenza... y de inmediato, los mecanismos de algunas comunidades autónomas se pusieron en marcha para sacarse de la manga algún resquicio legal que permitiese la objeción pertinente para que dicho cartel se exhibiese, argumentando además que la palabra “ninfómana” (que por cierto, mi corrector informático tampoco reconoce como buena) tampoco podía ser utilizada. La declaración que la autora del libro hizo al respecto, merece ser recordada por su franqueza y sagacidad: “Si la obra se hubiese titulado Diario de un Asesino, seguramente no hubiese habido ningún problema.”
Parece ser que sea como sea, se mire como se mire, y tanto si es masculino como femenino (que de todo hay en la viña del Señor), un pubis sigue siendo algo incómodo. A pesar del paso de los tiempos y de los cambios de las modas, e incluso de las tendencias políticas... por lo que nunca está de más reivindicar la dignidad de una parte del cuerpo que debería ser tan respetada como cualquier otra, lo mismo que su representación, y cuya vista no debería escandalizar absolutamente a nadie.
Además, pueden contarme lo que quieran, pero para mí, la vista de un pubis es muchísimo más agradable que la mayoría de cosas que pueblan nuestras calles o nuestras televisiones..."
domingo, 11 de enero de 2009
Temps Moderns noviembre (Ed Shearmur, Neal Hefti), diciembre (David Arnold, Jodorowsky 1), y enero (Año 2008, FICTER, Jodorowsky 2)
Con los líos de los últimos meses y la promesa de la segunda parte de mi libro "Música per al nou mil·lenni" para el próximo septiembre, no he tenido tiempo de reseñar debidamente las apariciones de los números de la revista "Temps Moderns", así que vamos a ello...
En noviembre, escribí un artículo dedicado a Ed Shearmur aprovechando el estreno de Asesinato Justo (película que no me entusiasmó ni mucho menos), y una necrológica dedicada a Neal Hefti (el padre de la famosa sintonía de televisión del Batman de los 60', fallecido el 11 de octubre).
En diciembre, convencí al jefe para entregar en el último momento un artículo dedicado a David Arnold, compositor de Quantum of Solace (que no es tan buena como Casino Royale, pero su música es estupenda... además de que él es un tipo adorable al que tuve oportunidad de conocer en Úbeda hace un par de años, y junto a quien presenté mi libro "Como una bola de trueno: la música en las películas de James Bond"). Además, empecé por fin la titánica tarea de hacer una serie de artículos monográficos sobre Alejandro Jodorowsky analizando su cine y sus comics, casi nada... para el cual hablé del documental La Constelación de Alejandro Jodorowsky y el cómic "El Corazón Coronado".
Y finalmente, este mes ha salido el de cada año, dedicado en este caso al 2008 (hablando de fallecidos, premiados, y cosas raras y curiosas referidas a la banda sonora), uno hablando del FICTER (el festival de ciencia-ficción y terror que incluyó cosas tan interesantes como conciertos en directo mientras se proyectaron Nosferatu, El Vampiro y Fausto), y el segundo monográfico sobre Jodorowsky, dedicado a La Cravate y a "Aníbal 5".
Ahora, a trabajar en los del mes que viene, y a dejar listo el "Més música per al nou mil·lenni", lo cual significa actualizar artículos, repasar datos, hacer índices de nombres y de películas... en fin, todo un trabajo, pero sarna con gusto no pica: estoy seguro de que la presentación en septiembre, en el marco de los actos del XX aniversario de la Associació Balear Amics de les Bandes Sonores (ABABS) será todo un acontecimiento...
En noviembre, escribí un artículo dedicado a Ed Shearmur aprovechando el estreno de Asesinato Justo (película que no me entusiasmó ni mucho menos), y una necrológica dedicada a Neal Hefti (el padre de la famosa sintonía de televisión del Batman de los 60', fallecido el 11 de octubre).
En diciembre, convencí al jefe para entregar en el último momento un artículo dedicado a David Arnold, compositor de Quantum of Solace (que no es tan buena como Casino Royale, pero su música es estupenda... además de que él es un tipo adorable al que tuve oportunidad de conocer en Úbeda hace un par de años, y junto a quien presenté mi libro "Como una bola de trueno: la música en las películas de James Bond"). Además, empecé por fin la titánica tarea de hacer una serie de artículos monográficos sobre Alejandro Jodorowsky analizando su cine y sus comics, casi nada... para el cual hablé del documental La Constelación de Alejandro Jodorowsky y el cómic "El Corazón Coronado".
Y finalmente, este mes ha salido el de cada año, dedicado en este caso al 2008 (hablando de fallecidos, premiados, y cosas raras y curiosas referidas a la banda sonora), uno hablando del FICTER (el festival de ciencia-ficción y terror que incluyó cosas tan interesantes como conciertos en directo mientras se proyectaron Nosferatu, El Vampiro y Fausto), y el segundo monográfico sobre Jodorowsky, dedicado a La Cravate y a "Aníbal 5".
Ahora, a trabajar en los del mes que viene, y a dejar listo el "Més música per al nou mil·lenni", lo cual significa actualizar artículos, repasar datos, hacer índices de nombres y de películas... en fin, todo un trabajo, pero sarna con gusto no pica: estoy seguro de que la presentación en septiembre, en el marco de los actos del XX aniversario de la Associació Balear Amics de les Bandes Sonores (ABABS) será todo un acontecimiento...
Feliz año nuevo, con Woody Allen
Con once días de retraso, sí, pero así queda más original...
Hace pocos minutos me he acabado el artículo sobre uno de los conciertos más chulos a los que he asistido nunca: nada menos que al del amigo Woody Allen, quien nos honró con una visita a Palma el mismo día 1 de enero. Personalmente, hace años que prefiero reservar la noche del 31 para estar tranquilamente en casa, descorchar una botella de manzajú por la ventana y admirar desde el balcón los fuegos artificiales que los aficionados lanzan a la bahía (sí, vivo al lado del mar, con hermosas vistas a mi querido Mediterráneo), y así el día 1 irnos a desayunar tranquilamente al Capuccino de Palmanova, que a esas horas de ese día está casi desierto y con el mar como una balsa de aceite delante de él... por lo que grabamos el concierto de Año Nuevo del maestro Baremboim y lo vimos por la tarde (grande, por cierto: un años de éstos tenemos que ir), dejándole la noche a Allen y a la New Orleans Jazz Band.
Como él mismo dijo, era un concierto para relajarse y pasarlo bien, y eso hicimos: mucho jazz y gospel de New Orleans, música más o menos atractiva, y virtuosismos más o menos llamativos (el señor Allen es probablemente el músico más flojo del conjunto, y él lo sabe). Un disfrute que hubiese sido más en un pequeño club de esa ciudad y no en un estadio (o algo parecido que tenemos aquí) como si fuésemos a admirar a The Rolling Stones... pero valió la pena, eso seguro. Y lo mejor de todo fue poder colarme al final para ver los bises nada menos que hasta la primera fila, por lo que le tuve a cinco metros y disfruté de la máxima manera que podría disfrutar un simple espectador: como he dicho en el arti, era como estar dentro de una peli de Woody Allen, con Woody Allen...
Y también una pequeña espina personal de menos, porque cuando en el 2002 le dieron el Príncipe de Asturias y vino hasta Gijón a dar una conferencia, yo vivía allí y me quedé sin entradas para verle, y me dolió en el alma porque siempre he sido un fanático suyo (aunque mucho más desde el punto de vista cinematográfico que musical, por mucho que el jazz también me guste, ojo). Recuerdo ir a verle al cine nada menos que desde "Alice", y salvo muy pocas excepciones, desde entonces prácticamente no he fallado ni un solo estreno en pantalla grande... y hasta me ayudó porfesionalmente, ya que mi artículo sobre "Todo lo demás" (que me parece uno de sus trabajos más flojos) me hizo ganar el primer concurso de cine de la revista "Blanc i Negre + Curt", en la que luego trabajé. El maestro Allen siempre será el maestro Allen, y tenerle cerca ha sido todo un privilegio...
Parece mentira, pero después de tantos años y tantas vivencias, una de las cosas que más me emociona en estos casos es poder pasar por la entrada sosteniendo la acreditación en alto y diciendo "¡prensa!": los sueños infantiles nunca se mueren...
Hace pocos minutos me he acabado el artículo sobre uno de los conciertos más chulos a los que he asistido nunca: nada menos que al del amigo Woody Allen, quien nos honró con una visita a Palma el mismo día 1 de enero. Personalmente, hace años que prefiero reservar la noche del 31 para estar tranquilamente en casa, descorchar una botella de manzajú por la ventana y admirar desde el balcón los fuegos artificiales que los aficionados lanzan a la bahía (sí, vivo al lado del mar, con hermosas vistas a mi querido Mediterráneo), y así el día 1 irnos a desayunar tranquilamente al Capuccino de Palmanova, que a esas horas de ese día está casi desierto y con el mar como una balsa de aceite delante de él... por lo que grabamos el concierto de Año Nuevo del maestro Baremboim y lo vimos por la tarde (grande, por cierto: un años de éstos tenemos que ir), dejándole la noche a Allen y a la New Orleans Jazz Band.
Como él mismo dijo, era un concierto para relajarse y pasarlo bien, y eso hicimos: mucho jazz y gospel de New Orleans, música más o menos atractiva, y virtuosismos más o menos llamativos (el señor Allen es probablemente el músico más flojo del conjunto, y él lo sabe). Un disfrute que hubiese sido más en un pequeño club de esa ciudad y no en un estadio (o algo parecido que tenemos aquí) como si fuésemos a admirar a The Rolling Stones... pero valió la pena, eso seguro. Y lo mejor de todo fue poder colarme al final para ver los bises nada menos que hasta la primera fila, por lo que le tuve a cinco metros y disfruté de la máxima manera que podría disfrutar un simple espectador: como he dicho en el arti, era como estar dentro de una peli de Woody Allen, con Woody Allen...
Y también una pequeña espina personal de menos, porque cuando en el 2002 le dieron el Príncipe de Asturias y vino hasta Gijón a dar una conferencia, yo vivía allí y me quedé sin entradas para verle, y me dolió en el alma porque siempre he sido un fanático suyo (aunque mucho más desde el punto de vista cinematográfico que musical, por mucho que el jazz también me guste, ojo). Recuerdo ir a verle al cine nada menos que desde "Alice", y salvo muy pocas excepciones, desde entonces prácticamente no he fallado ni un solo estreno en pantalla grande... y hasta me ayudó porfesionalmente, ya que mi artículo sobre "Todo lo demás" (que me parece uno de sus trabajos más flojos) me hizo ganar el primer concurso de cine de la revista "Blanc i Negre + Curt", en la que luego trabajé. El maestro Allen siempre será el maestro Allen, y tenerle cerca ha sido todo un privilegio...
Parece mentira, pero después de tantos años y tantas vivencias, una de las cosas que más me emociona en estos casos es poder pasar por la entrada sosteniendo la acreditación en alto y diciendo "¡prensa!": los sueños infantiles nunca se mueren...
sábado, 27 de diciembre de 2008
"Dentista de Cocodrilos"
Bueno, ya era hora...
Me lo acabé hace ya más de un mes, y ha estado rondando por ahí hasta que por fin me he puesto a hacerle la reseña... y mira que se la debía, y más porque es un amigo y un ex-profesor quien lo ha escrito (y tal vez por eso, porque me ha costado tanto encontrar las palabras adecuadas, he tardado tanto): finalmente, el señor Jordi Vidal reunió sus columnas escritas para un periódico en un volumen bellamente editado por Documenta Balear, titulándolas "Dentista de Cocodrilos" con su característico humor a medio camino entre lo cáustico y lo surrealista... pero pocas cosas puedo decir yo de Jordi que sean mejores que el prólogo de Román Piña Valls, así que como siempre me limitaré a dar mi opinión.
Las columnas me han gustado, unas más y otras menos, sobre todo y principalmente porque son divertidas: el sentido del humor de Jordi es muy suyo, tanto que si no le conoces bien no puedes llegar a saber si está enfadado, o está de broma, o está metiéndose contigo... pero es una manera muy efectiva de poner en la picota algunas de las cosas que son más que cuestionables en esta isla que nos ha tocado vivir. A mí, particularmente, me interesan muy poco muchos de los temas que toca (políticos, deportivos, e incluso sociales), y en cambio me gustan más las pequeñas anécdotas en las que él se ríe de sí mismo o te habla de los progresos de sus hijas o de la actitud de ciertas personas ante ciertos menesteres...
En definitiva, un libro ligero y ameno, una compilación para leer con gusto y con humor, y que cada uno se quede con lo que más le guste. Recuerdo que en su casa me dijo que en este libro no había ni una gota de sexo (una o dos sí que hay, pero tan ligeras que casi ni se notan), y que alguien le dijo que en eso se parecía a Borges... en este caso, y personalmente hablando, yo estoy encantado entonces de no parecerme a él.
La dedicatoria es encantadora: "Para Házael, alumno predilecto y maestro ya de muchas cosas."
Me lo acabé hace ya más de un mes, y ha estado rondando por ahí hasta que por fin me he puesto a hacerle la reseña... y mira que se la debía, y más porque es un amigo y un ex-profesor quien lo ha escrito (y tal vez por eso, porque me ha costado tanto encontrar las palabras adecuadas, he tardado tanto): finalmente, el señor Jordi Vidal reunió sus columnas escritas para un periódico en un volumen bellamente editado por Documenta Balear, titulándolas "Dentista de Cocodrilos" con su característico humor a medio camino entre lo cáustico y lo surrealista... pero pocas cosas puedo decir yo de Jordi que sean mejores que el prólogo de Román Piña Valls, así que como siempre me limitaré a dar mi opinión.
Las columnas me han gustado, unas más y otras menos, sobre todo y principalmente porque son divertidas: el sentido del humor de Jordi es muy suyo, tanto que si no le conoces bien no puedes llegar a saber si está enfadado, o está de broma, o está metiéndose contigo... pero es una manera muy efectiva de poner en la picota algunas de las cosas que son más que cuestionables en esta isla que nos ha tocado vivir. A mí, particularmente, me interesan muy poco muchos de los temas que toca (políticos, deportivos, e incluso sociales), y en cambio me gustan más las pequeñas anécdotas en las que él se ríe de sí mismo o te habla de los progresos de sus hijas o de la actitud de ciertas personas ante ciertos menesteres...
En definitiva, un libro ligero y ameno, una compilación para leer con gusto y con humor, y que cada uno se quede con lo que más le guste. Recuerdo que en su casa me dijo que en este libro no había ni una gota de sexo (una o dos sí que hay, pero tan ligeras que casi ni se notan), y que alguien le dijo que en eso se parecía a Borges... en este caso, y personalmente hablando, yo estoy encantado entonces de no parecerme a él.
La dedicatoria es encantadora: "Para Házael, alumno predilecto y maestro ya de muchas cosas."
"La Costa de los Mosquitos"
Por dios santo, qué tío...
Literariamente hablando, conocí a Paul Theroux hace relativamente poco, leyéndome su libro de viajes "Las Islas Felices de Oceanía: Una Odisea en Kayak por el Pacífico" (de la magnífica colección "Biblioteca Grandes Viajeros" de Ediciones B que anda por ahí de saldo). A la maravilla de leer sobre un lugar que tengo tantas ganas de visitar como es el Pacífico y sus islas, y también al buen hacer como escritor de este buen señor, se sobrepuso su maldita manera de mirar al mundo, con sus puntos de vista tan enfermizos y deprimentes... tanto que al final, de lo que menos ganas tienes es de visitar los lugares de los que te habla. Y además de eso, parece que la práctica totalidad de personas que se encuentra en su camino son gilipollas y malnacidos capullos desgraciados e imbéciles (no me extraña que aquel tipo en Australia le amenazase en medio de una conferencia: él se sorprendió, pero yo estoy casi seguro de que habló de él con su peculiar "estilo" en alguno de sus textos). Lo mejor de todo, claro está, era asistir a los paisajes de los Mares del Sur, y además coincidió su lectura con mi visita a Flores y a Komodo, que ya son la puerta de dichos mares: me recuerdo a mí mismo paseando por aquella playa donde había un poblado que la utilizaba de letrina, viendo el precioso crepúsculo y pensando precisamente en Theroux y sus capulladas...
Pero lo que nadie le quita, desde luego, es que el tipo sabe escribir... así que cuando el otro día fui a uno de estos mercadillos de Navidad y tuve la oportunidad de escoger un libro por 50 céntimos de euro (es que la chica no tenía cambio...), la opción de "La Costa de los Mosquitos" se perfiló como una de las mejores. Lo empecé, dándome cuenta de la fluidez del estilo, y de nuevo de las gilipolleces a las que este hombre da vueltas y más vueltas... y al principio me resultaba tan deprimente y tan cansino que pensé hasta en dejarlo abandonado en el autobús y allá se las arreglase. Pero finalmente perseveré, y llegó un punto en el que me enganchó hasta cogerme por el cuello y no soltarme hasta saber qué diablos iba a pasar con ese tipo obsesionado... y hace tres días, al fin, lo acabé.
Repito una vez más: técnicamente, es bueno... pero este libro es como un cáncer, algo que te corroe por dentro y que te duele, que tiene poco sentido (es una denuncia de las asquerosas, y hecha desde el punto de vista de alguien que odia a toda la humanidad y también a sí mismo... y hablo del escritor más que del personaje), y que se queda con el mensaje de denuncia vomitándolo mezclado con rabia y espumarajos. Y lo que es a mí, eso es algo que ciertamente no me interesa: hoy se lo he cedido a mi padre, y le he dicho que haga lo que quiera con él... y yo he jurado y perjurado que no voy a leer a Theroux nunca más, porque su visión del mundo no me interesa. Demasiado deprimente y demasiado cancerígena...
Literariamente hablando, conocí a Paul Theroux hace relativamente poco, leyéndome su libro de viajes "Las Islas Felices de Oceanía: Una Odisea en Kayak por el Pacífico" (de la magnífica colección "Biblioteca Grandes Viajeros" de Ediciones B que anda por ahí de saldo). A la maravilla de leer sobre un lugar que tengo tantas ganas de visitar como es el Pacífico y sus islas, y también al buen hacer como escritor de este buen señor, se sobrepuso su maldita manera de mirar al mundo, con sus puntos de vista tan enfermizos y deprimentes... tanto que al final, de lo que menos ganas tienes es de visitar los lugares de los que te habla. Y además de eso, parece que la práctica totalidad de personas que se encuentra en su camino son gilipollas y malnacidos capullos desgraciados e imbéciles (no me extraña que aquel tipo en Australia le amenazase en medio de una conferencia: él se sorprendió, pero yo estoy casi seguro de que habló de él con su peculiar "estilo" en alguno de sus textos). Lo mejor de todo, claro está, era asistir a los paisajes de los Mares del Sur, y además coincidió su lectura con mi visita a Flores y a Komodo, que ya son la puerta de dichos mares: me recuerdo a mí mismo paseando por aquella playa donde había un poblado que la utilizaba de letrina, viendo el precioso crepúsculo y pensando precisamente en Theroux y sus capulladas...
Pero lo que nadie le quita, desde luego, es que el tipo sabe escribir... así que cuando el otro día fui a uno de estos mercadillos de Navidad y tuve la oportunidad de escoger un libro por 50 céntimos de euro (es que la chica no tenía cambio...), la opción de "La Costa de los Mosquitos" se perfiló como una de las mejores. Lo empecé, dándome cuenta de la fluidez del estilo, y de nuevo de las gilipolleces a las que este hombre da vueltas y más vueltas... y al principio me resultaba tan deprimente y tan cansino que pensé hasta en dejarlo abandonado en el autobús y allá se las arreglase. Pero finalmente perseveré, y llegó un punto en el que me enganchó hasta cogerme por el cuello y no soltarme hasta saber qué diablos iba a pasar con ese tipo obsesionado... y hace tres días, al fin, lo acabé.
Repito una vez más: técnicamente, es bueno... pero este libro es como un cáncer, algo que te corroe por dentro y que te duele, que tiene poco sentido (es una denuncia de las asquerosas, y hecha desde el punto de vista de alguien que odia a toda la humanidad y también a sí mismo... y hablo del escritor más que del personaje), y que se queda con el mensaje de denuncia vomitándolo mezclado con rabia y espumarajos. Y lo que es a mí, eso es algo que ciertamente no me interesa: hoy se lo he cedido a mi padre, y le he dicho que haga lo que quiera con él... y yo he jurado y perjurado que no voy a leer a Theroux nunca más, porque su visión del mundo no me interesa. Demasiado deprimente y demasiado cancerígena...
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